La ciudad aulla a esta hora, pide un auxilio desesperado y una sirena clama la vida que se marchita. Soy un ser de súplica que busca respuestas en el silencio escondido del barco que lo lleva a casa.
Dónde está el sosiego prudente y la risa tardía que dé la mano a un alma cansada de tantos suspiros. Voy observando las caras de la vida, y no sé si estoy vivo y los demás están perdidos en deseos superficiales.
La pluma me alivia y también el pensamiento vago del sufrimiento de mis hermanos, o tal vez, esta última imagen me haga sentir peor conmigo mismo por la injusticia que me rodea.
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